El tratamiento mediático de la violencia de género en la infancia y adolescencia

Al hilo de las últimas noticias relacionadas con delitos de violencia sexual en la infancia y adolescencia, quisiera ofrecer una reflexión acerca del tratamiento mediático en torno a sus causas. Habiendo sido consultados al respecto por nuestra Investigación Acción Participante agradezco el interés de estos medios, pero denoto que en muchos casos éste no va más allá del titular jugoso, obviándose las causas y el desarrollo del mismo.

De entrada, me resulta poco profesional comparar y meter en el mismo saco la noticia de un delito de abusos en el entorno familiar o social a una niña de once años y la noticia del embarazo y parto de una adolescente de dieciséis fruto de la falta de educación sexual.

Apelar al origen de las mismas como nexo resulta aún más sensacionalista. ¿Cuántas adolescentes dan a luz en España sin alcanzar la mayoría de edad? ¿De qué nacionalidades son las víctimas y agresores involucrados?

Las cifras oficiales nos muestran que la nacionalidad extranjera no alcanza el 30% en toda España. También habría que investigar el número de abortos para hacerse a una idea de la cantidad de embarazos no deseados entre adolescentes antes de buscar el escándalo. Lo primero que me gustaría resaltar es que, desde la doble experiencia docente y dinamizadora observamos cómo dar por sentado que ya se han conseguido logros sociales cuando se educa a nuevas generaciones es un error bastante frecuente.

La acción de los diferentes agentes implicados (familia, centros educativos, instituciones y ámbito no formal) ha de ser constante. Cada uno de estos agentes es un pilar que conforma y equilibra el aprendizaje de los menores. Cualquier parón constituye un retroceso en quienes se están desarrollando física, emocional e intelectualmente.

El embrazo prematuro en niñas supone un acto de violencia hacia ellas que atenta contra su infancia, su desarrollo y su dignidad. La educación emocional, sexual y en igualdad, fundamental para la prevención de la violencia sexual no comienza en la adolescencia ni cuando las niñas tienen su primera regla o los niños eyaculan. Evidentemente, es deber de padres y profesionales adaptar la metodología a cada etapa teniendo en cuenta el contexto social y personal de los menores.

El miedo a abordar ciertos temas o hacerlo desde una actitud censora o condescendiente es tan perjudicial como dar ciertos aspectos “por sabidos”. A esto se suma la ya no tan frecuente pero constante idea de que las adolescentes no tienen necesidades sexuales, que eso es “cosa de hombres”,  lo cual se traduce en una presión familiar solapada para que ellos “se comporten como hombres que son” y ellas “se guarden hasta el matrimonio” con lo que comienzan a ocultar que mantienen relaciones sexuales, acostumbrando a los y las jóvenes a reprimir sus emociones, a fingimientos y mentiras.

Nos alarmamos (lógicamente) cuando saltan a la palestra mediática casos de este tipo en España. Sin embargo, no lo hacemos cuando ocurren en otros países porque consideramos que allí “es normal”. Desgraciadamente “es su pan de cada día”.

Según ONU Mujeres, el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual y en algunos estudios nacionales se demuestra que hasta el 70 por ciento de las mujeres han experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida.

Por ejemplo, Fabiola Rivero Quiroz, colega y directora del hogar para niños de la calle Mi Rancho en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), afirma que entre noviembre de 2017 y enero de 2018 se han confirmado 1000 denuncias de violación y maltrato en niñas menores de 14 años a nivel nacional.

Más de 750 millones de mujeres que viven actualmente en todo el mundo se casaron con menos de 18 años de edad. Además, una de cada diez niñas ha sufrido relaciones sexuales forzadas en algún momento de su vida. Según ONU Mujeres, los agresores más habituales de la violencia sexual contra niñas son sus compañeros, exparejas o novios.

Por otro lado, actualmente, al menos 200 millones de mujeres y niñas han sufrido  mutilación genital femenina. También podríamos hablar de la trata en España, o de los usuarios de la trata. El reconocimiento y la protección legal en materia de derechos fundamentales es un paso esencial, pero la realidad nos da en la cara y nos muestra que no es suficiente.

filmaking equality

Investigación Acción Participativa sobre las desigualdades de género. Logo: veintemillas.info.

Alice Guy, pionera en la realización cinematográfica y primera persona en realizar una película de ficción como tal, afirmó:

“Mi juventud, mi falta de experiencia, mi sexo: todo estaba en mi contra”

Con esta cita comenzábamos nuestra primera sesión del 2018 con los adolescentes del IES Rector Sabater de Cabezo de Torres. Esta pedanía dedicada al sector agrícola e industrial tiene un alumnado español de origen diverso, sobre todo magrebí, chino, venezolano, ecuatoriano, boliviano y colombiano. Todos estos jóvenes son españoles y quien lo niegue vive en el recuerdo de un pasado hecho a su medida.

Mientras escribía las palabras en la pizarra pienso en esas tres variables de Guy, las cuales, posicionadas a favor o en contra, marcan el destino del ser social.

  1. Juventud.  
  2. Inexperiencia.
  3. Sexo.

Atendiendo a la segunda, ¿de dónde viene la inexperiencia? No se trata solamente de analizar la manera en la que nuestra etapa vital, nuestro conocimiento, el acceso a la educación, los recursos económicos o nuestras características biológicas nos condicionan, la clave nos la da la percepción que se tiene de los jóvenes, los estereotipos de género en su educación. Todos estos prejuicios suponen una presión añadida para el individuo que se abre camino en cualquier sociedad y, por tanto, un lastre para el desarrollo de la misma.

En detrimento de su empoderamiento encontramos el desprestigio, la discriminación, el desempleo, la explotación, la precariedad, la brecha salarial, el suelo pegajoso, el techo de cristal, el abuso, la violencia y en última instancia: el asesinato.

Pensemos en dos mellizos nacidos de un mismo vientre en un país que no se halla en situación de guerra y donde su marco legislativo reconoce y previene su igualdad: Un niño y una niña que nacen  iguales en derechos, la mayoría incluso reconocidos legislativamente a nivel nacional e internacional (educación, leyes contra la violencia de género, matrimonio homosexual, adopción., empleo…) ¿qué ocurre entonces según van creciendo?

Cuando la niña se convierta en una mujer joven con un nivel económico y/o educativo bajo ¿continuará viendo garantizados esos derechos elementales? ¿Podrá caminar sola de noche o tomar una copa  por los mismos lugares que el joven? ¿Sufrirá acoso o explotación sexual? Si decide tener hijos (si es que puede decidir), ¿mantendrá su empleo? Y si tiene compañero masculino (que fue niño, que fue joven), ¿repartirán la crianza y las tareas del hogar para conciliar el trabajo o a ella la despedirán del mismo?

Incluso partiendo de un escenario como el de estos jóvenes en el que existe una legislación fundamental, ésta no garantiza la igualdad real: según el Ministerio de Sanidad, servicios sociales e igualdad de España, en diciembre acabaron el año con 57 feminicidios por violencia de género y ahora alguien ha puesto el contador a cero otra vez.

Ojalá algún día las palabras de Alice Guy, escritas en los albores del pasado siglo, dejen de tener sentido y el número de directoras que consiguen financiación para sus films iguale al de sus colegas masculinos. Ojalá esa joven que me mira con recelo desde el pupitre y siente que tanta insistencia ya no es necesaria pueda salir como hacen sus amigos sin precauciones añadidas, sin miedo a sufrir abuso, a que no reconozcan el crimen y la culpen por dejarse hacer, por la ropa que llevaba o no llevaba, por sus ganas de divertirse, por no quedarse en casa.

Coeducar, una acción constante

Como he dicho, el aumento de estos casos está ligado a la falta de medidas de prevención en el entorno educativo pues, como todo aprendizaje, la conciencia social en materia de igualdad supone un proceso constante de deconstrucción.

Todo el mundo sabe que el entorno familiar los hábitos y valores transmitidos en su seno son fundamentales para el desarrollo del individuo. Todo el mundo sabe también que ser padre o madre no es una tarea precisamente fácil.

Trabajamos con adolescentes de eso y bachillerato. Percibimos tanta diversidad en su concienciación, como en su origen y no se puede decir que éste influya en una menor confusión. La transmisión de valores patriarcales de manera más o menos inconsciente es una constante en el día a día, fomentada además por los estímulos exteriores tales como la publicidad.

Pero claro, puestos a echar balones fuera, es muy conveniente culpar, por ejemplo, al reguetón, si bien, los mismos alumnos lo suelen poner como ejemplo cuando reflexionan acerca de comportamientos machistas y estereotipos de género (como el que considera el cuerpo de la mujer como un objeto de placer y de descendencia).

En el hecho de que estos embarazos acaben en parto lo que influye directamente es el grado de desatención familiar fruto de la falta de conciliación y de la precariedad laboral de las familias, cuya consecuencia es que estas menores den a luz bajo flashes de cámara.

Y toda esta disparidad de valores, conjugaciones sociales y presiones de un lado y del otro tiene como resultado último el hecho de que mucho después de que todos nos hayamos olvidado de estos titulares seguirá habiendo escolares (espero que sigan siendo escolares) y bebés pagando las consecuencias (casas de acogida, robo de la infancia, estigma social) de la hipócrita sociedad española que se enfrasca en la oposición, en el diálogo de besugo, en el desencuentro y solamente reacciona cuando la sangre llega al río.


Autora: Violeta Sáez Garcés De Los Fayos (Murcia, 1985). Escritora, docente, dinamizadora sociocultural e investigadora doctoral en igualdad y violencia de género en la adolescencia (Universidad Internacional iberoamericana). Fundadora de DINAMUR. Licenciada en Filología Hispánica. Máster en Formación de profesorado y enseñanza de lenguas extranjeras.

Si quieres publicar un artículo en nuestro blog, ponte en contacto con nosotras a través del correo hola@proyectovmagazine.com. Tienes más información en este post.

3 Replies to “El tratamiento mediático de la violencia de género en la infancia y adolescencia”

  1. ACLARACIÓN: No tenemos datos de estos casos como para analizarlos en profundidad o juzgar. Lo evidente es que permitir el embarazo de las niñas de once y doce años es un delito de violencia de género (aquella ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer) cuya responsabilidad atañe a los adultos.

  2. ACLARACIÓN: No tenemos datos de estos 2 casos apuntados al inicio como para analizarlos en profundidad o juzgar. Lo evidente es que permitir el embarazo de las niñas de once y doce años es un delito de violencia de género (aquella ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer) cuya responsabilidad atañe a los adultos.

  3. ACLARACIÓN: No tenemos datos de estos 2 caso mediáticos e 11 y 12 años dapuntados al inicio como para analizarlos en profundidad o juzgar. Lo evidente es que permitir el embarazo de las niñas de once y doce años es un delito de violencia de género (aquella ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer) cuya responsabilidad atañe a los adultos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.